Betz Ruiz

¡Hola! Soy Betzaida, pero puedes llamarme Betz.

Mi Burbuja nació en 2013 como un diario de moda y, al igual que yo, ha evolucionado. Hoy, este es un espacio donde comparto desde mis tendencias favoritas y tips de belleza, hasta la cara más honesta de la maternidad y las lecciones que voy descubriendo en el camino. Bienvenida a este rincón donde exploramos juntas cómo hacer la vida moderna más hermosa y auténtica.

Más sobre mí

Del postparto al bob: el corte que rompió todos mis prejuicios

lunes, septiembre 28, 2026

Desde hace algunos años, he dejado mi cabello al natural — sin tintes —, cortes básicos (recto o grafilado), poco secador o plancha, y me ha encantado. Lo he mantenido mucho más suave y manejable, y teniendo un cabello tan fino como el mío, ya la experiencia me dice que no debo inventar si lo quiero mantener sano.

Otra de las razones es el mantenimiento. En los últimos años le he dejado mi cabello a una sola persona que tiene unas manos maravillosas y conocimiento de sobra. ¿El inconveniente? Tiene muchos clientes, agenda llena y viene cada cierto tiempo a casa — de nueve meses a un año — y conseguir a alguien como ella a quien le confíe mi cabello se me hace difícil. Las malas experiencias con otros estilistas me han marcado.

Pero bastó ver una publicación en Instagram sobre tendencias de cortes y coloración para que quisiera hacerme hasta cinco cambios diferentes a inicios de año. Quédate hasta el final para que veas el desenlace de esta historia.

Como el algoritmo de Instagram es impresionante, luego de esa primera publicación, en una historia de una agencia de publicidad estaban compartiendo un prompt de ChatGPT para analizar la forma del rostro y determinar cuál es el mejor corte para tus facciones — y otros para los mejores colores de ropa y maquillaje a usar o evitar. Así que, con ayuda de Gemini y el mismo prompt, pude ver diferentes versiones de mi cabello y qué era lo que por el momento podía permitirme.

Collage tipo cuaderno con fotos de mi cabello: el corte bob actual, una foto de la infancia y otra del embarazo

Mi cabello antes y después del postparto

Mi cabello ha sido todo un dilema en mi vida. Por muchos años de mi niñez tuve el bob con pollina — que en Venezuela llamaban el corte "niña bonita" — y ya de adolescente, hasta aproximadamente los 18, mi cabello nada que crecía: se mantenía al ras de mis hombros. Algo que me frustraba muchísimo porque quería el cabello largo.

Se hicieron tendencia las extensiones y salí corriendo a ponerme unas por puntos. Dos años después, tenía el cabello más largo pero también un poco débil por el peso, así que me las quité.

Durante los siguientes años, me lo corté casi solo las puntas, me lo pinté múltiples veces y llegó el 2022 con el proyecto de cuidarme físicamente. Y, oh sorpresa: una buena alimentación, el ejercicio y la estilista de las manos mágicas hicieron que mi cabello estuviese como nunca antes. Lo que me recuerda que la buena salud se refleja en cada parte de nuestro cuerpo. Si quieres conocer los cambios que hice, te dejo el post donde explico todo a detalle.

¿Qué ocurrió luego? Vino el embarazo, donde las pastillas siguieron fortaleciéndolo y haciéndolo crecer, y luego el postparto — donde el cabello empieza a caerse por naturaleza a los cuatro meses — y tuve que decirle adiós al volumen que tanto amaba. Por consejo de mi estilista, volví a un corte bob largo grafilado, hasta un poco más abajo de los hombros, para quitarle ese peso y las puntas quemadas que también hacían que siguiera cayéndose.

Línea de tiempo del cabello de 1999 a 2026: de niña, adolescente, embarazo y el corte bob actual
De 1999 a hoy. El bob volvió por donde empezó todo.

Los cortes que me estaban haciendo ojito

¿Recuerdas el prompt de la agencia? Cuando empecé a redactar este post, me entraron las ganas de verlo en acción y terminé diciéndole a Gemini que me hiciera una representación según mi tipo de rostro. Estos fueron mis favoritos:

Long bob recto: una de las recomendaciones para rostro ovalado. Debo decir que en un inicio me gustó mucho, pero sentía que me añadía algunos años.

Bob ondulado con capas: da mucho más volumen gracias a las capas potenciando las ondas. Pero por el momento no tengo la abundancia de cabello para que me luzca tal cual la foto, y por eso quedó descartado.

Pixie texturizado: un cabello corto al estilo Halle Berry en Gatúbela. Me encantó visualmente, pero me lo veo más para mis 50-60 — y todavía no llegamos ahí.

Corte medio con capas y flequillo cortina: el más cercano a lo que ya tenía, pero con capas que abracen mis facciones. Una opción intermedia que no descarto para más adelante.

Cuatro cortes de cabello y cuatro tonos de tinte generados con IA sobre mi propia foto, numerados y nombrados
Las ocho versiones que me armó Gemini. Al final me quedé con la primera.

Y el color... ese es el verdadero dilema

Amo mi color natural, pero algo cambió internamente con el rebranding de mi blog y mi proyecto de UGC. Entre la búsqueda de paleta de colores, tipografías, logos e inspiración para videos y fotos, últimamente me siento con ganas de verme más bonita, más femenina — de encontrar mi "nuevo" estilo siendo mamá, esposa y mujer que trabaja desde casa.

Así que al ver estos tintes en tendencia, me entró la duda y las ganas — porque no te voy a mentir, quería un cambio drástico. Mis favoritos:

Mi tono natural: el que llevo hoy. En la imagen lo verás sobre la versión de cabello extra largo — esa a la que me gustaría volver en un futuro, hasta la mitad de la espalda o un poco más.

Espresso brunette: lo seguro y más cercano a mi tono natural, pero con unos reflejos que lo llevarían a otro nivel.

Teddy brown: un color hermoso y natural que, al haber llevado un tono bambi por mucho tiempo, sé que puede quedarme bien.

Chocolate cherry: mi favorito sin lugar a dudas — y también el más atrevido. La combinación de esas dos gamas me parece maravillosa y súper tendencia.

¿El inconveniente? Aunque sé que hay tintes seguros, sigo dando lactancia y no quiero arriesgarme a que mi bebé reciba algún químico.

¿Qué me hice al final?

Al momento de empezar a escribir este post, me atreví a cortarme el flequillo — y lo amé demasiado. Mi hermana y mi prima me dijeron que me veía como en mi adolescencia, a mi esposo le encantó, y yo no dejaba de arreglármelo y verme en el espejo y en la cámara — un mal de los cambios de look que sufrimos muchas mujeres.

Dos meses después, y sin haber terminado de escribir el post que estás leyendo porque sentía que algo iba a cambiar, la estilista vino a casa para hacernos el corte requerido por todos — esposo, bebé y mamá — y en menos de una hora me atreví a volver al corte que llevé por muchos años: el bob.

¿Qué me inspiró? Además de verme reflejada en la referencia de Gemini, vi en Pinterest otras formas de estilizarlo, y una foto de Selena Gómez me terminó de convencer.

Al verme al espejo, y conforme pasaron los días, amo mucho más este cambio. Rompió por completo algunos pensamientos que tenía: que me iba a ver mayor, que tendría que usar la plancha o el secador siempre, que me vería más rellenita o mi cara mucho más redonda, e incluso que me aburriría rápido y querría que me creciera lo más pronto posible.

¡Qué equivocada estaba! Ahora estoy lista mucho más rápido, puedo hacer ejercicio mucho más cómoda sin necesidad de amarrarme el cabello, y me siento mucho más linda y confiada. Junto con mis nuevos lentes — si quieres saber cómo los elegí, aquí te dejo la historia —, ha sido todo un acierto. Creo que pasaré unos años con este look que tanto me gustó. Veremos luego si quiero llegar nuevamente a mi versión con cabello largo, esa que tanto me gustó en el embarazo.

A veces un cambio de look es lo que más te devuelve a ti misma, y la confianza que sientes que te hace falta.

¿Has odiado algún corte o tinte que te hayas puesto? ¿Qué te ha llevado a hacerte los mayores cambios de imagen o en tu cabello? Te leo en los comentarios.

Mi primera cita con el oftalmólogo, dos días viendo borroso y tres pares de lentes nuevos

sábado, septiembre 26, 2026

La novedad del mes de agosto en casa fueron los lentes. Soy fanática de las gafas de sol y tengo como cinco modelos guardados que dejé de usar. Pero los que he conseguido en H&M en los últimos años, más uno de Rosegal que se ganó mi corazón, son mis go-to para las salidas de playa, las caminatas por la zona con mi bebé, ir de compras en días de mucho sol e incluso para los últimos viajes de senderismo que hice antes de convertirme en mamá.

Pero en este post voy mucho más allá, para contarte sobre algo que en esta casa se convirtió en anécdota: el día en que llegaron los lentes nuevos de mi esposo, de mi bebé y los míos.

Pasaron algunos eventos para llegar hasta allí — entre ellos dos días sin poder trabajar por tener las pupilas dilatadas —, pero aquí te cuento todo el proceso y cómo elegimos los tres lentes que ahora son must-have en nuestra casa.

Collage de mi primera visita al oftalmólogo: pruebas de monturas en la óptica y las cajas de los tres pares nuevos
Treinta y tres años y nunca me habían medido la vista.

Puro rescate, nada de prevención

Además de las gafas de sol, en mi escritorio tenía un par de lentes de luz azul comprados en Target en 2021. Pero los usaba poco: más que todo cuando pasaba muchas horas en la computadora, o cuando ya llegaban los dolores de cabeza por sobreexposición a la luz y sentía la vista cansada. Nada preventivo. Puro rescate.

También es que nunca he usado lentes con frecuencia, pero sí mis audífonos para escuchar música o algún episodio de mis podcasts favoritos. Y al combinar ambos, terminaba incómoda y con malestar detrás de las orejas.

En cambio, para salir, caminar, ir a la playa o a la montaña, sí busco siempre llevar unos lentes que me ayuden con los rayos solares — y a verme más chic en mis fotos.

Cómo unas manitos de año y medio empezaron todo esto

A diferencia de mí, mi esposo sí usaba sus lentes de luz azul de forma frecuente. Compró el modelo Wing de la marca CYXUS al mismo tiempo que yo, en 2021, y ambos trabajamos y pasamos la mayoría del tiempo frente a pantallas. Pero había algo con lo que no contaba: las manitos y la curiosidad de nuestro bebé.

En uno de esos días en que nuestro chiquito tomó los lentes del escritorio para verlos y abrirlos, forzó de más una de las paticas. Y hasta allí llegaron.

Así que cuando empezamos a planear qué productos comprar y qué hacía falta en casa, no lo pensó dos veces: volvió a la web de la marca, pero esta vez optó por un modelo distinto y mucho más único que el anterior, el Harriett en negro brillante.

Y no nos quedamos solo con esos. Como mi bebé nos ve siempre con lentes, decidimos buscar los suyos en la misma web para sus paseos y su próxima salida a la playa. Le compramos el modelo Vibe en rojo, y con descuento.

Y mientras esperábamos que llegaran, yo hice algo que llevaba tiempo postergando.

Mi primera consulta oftalmológica: dos días sin poder trabajar

Desde hacía algún tiempo, estar frente a la computadora o el teléfono me cansaba mucho la vista. Y muchas veces me pasaba que, estando en la calle, se me hacía difícil leer un letrero que estuviera lejos. Sentía que mi vista ya no era la misma de antes.

Así que, con la onda de la búsqueda de lentes, decidí asistir a mi primera cita oftalmológica y tener una opinión profesional sobre el estado de mi vista.

Ese día nos fuimos muy temprano para llegar a tiempo a la consulta. Pero hubo algunas cosas con las que no contaba:

  1. La doctora tuvo un retraso, por lo que perdimos toda una mañana esperando que me atendieran.
  2. Un detalle que no me advirtieron: debido a los exámenes que realizan en estas consultas, me dilataron las pupilas. Por lo que estuve los dos días siguientes viendo borroso, con una sensibilidad infinita a la luz del sol, sin poder trabajar y con mi esposo leyéndome cada mensaje que me llegaba al teléfono.

El diagnóstico fue una hipermetropía muy leve (esfera +0.25) y un astigmatismo moderado en ambos ojos (cilindro -1.25). Nada grave, pero suficiente para explicar el cansancio luego de trabajar por muchas horas frente a la pantalla, algunos dolores de cabeza esporádicos y los letreros que no lograba leer de lejos.

Hoy agradezco haber tomado esa consulta, porque salí con un diagnóstico que me hizo todo el sentido. Y esos días en los que no pude trabajar ni ver bien el teléfono me dieron algo más: rato de sobra con mi chiquito.

Cat-eye o cuadrado: cómo elegí (y por qué me equivoqué al principio)

Resumen visual del proceso: recorriendo ópticas, la primera montura que elegí, la definitiva y los tres pares nuevos
Dos días, varias ópticas y tres pares. La definitiva no fue la primera que me gustó.

Antes de pisar la primera óptica, hice la tarea. Busqué qué monturas favorecen más a un rostro ovalado/redondo como el mío y llegué a la óptica convencidísima de que quería un cat-eye.

En el primer día de paseos, terminé enamorada de varios modelos entre cuadrados y ovalados. Así de rápido cambia la teoría cuando te ves al espejo.

Ese proceso me dejó tantas cosas aprendidas — sobre formas de rostro, sobre cómo comprar sin apurarte y hasta sobre un detalle que ninguna guía menciona — que terminé escribiendo un post aparte solo con eso. Te dejo aquí la guía completa para elegir tu montura según tu forma de rostro, con el método que armé sin proponérmelo.

Un adelanto, porque es lo que más me cambió el día a día: si usas audífonos, pruébate la montura pensando en el grosor de las patillas. Yo llevaba tiempo con molestia detrás de las orejas por combinar ambas cosas. Cambiar a mis JLab Go POP+ me alivió muchísimo, y hoy puedo trabajar escuchando música o algún podcast con mis lentes puestos, sin molestia alguna.

El cambio de opinión que nadie vio venir

Esa misma semana volví a la óptica, donde estaba el modelo favorito de todos, ya con la hoja de la fórmula para mandar a hacer los cristales correspondientes. 

Y justo cuando la muchacha empezó a pedirme los datos para la factura, mi esposo y yo vimos otro modelo en la vitrina. Me lo probé casi por curiosidad.

Sorpresa: me hizo cambiar de opinión por completo.

Era un ojo de gato de Palazzo, montura dorada con un tono rosa amarronado muy claro en la parte superior. No iba buscando un color específico. Simplemente me gustaron — y al ser tonos básicos, combinando el color de los labiales que me gusta llevar, y que la mayoría de mis accesorios son dorados, me terminaron gustando todavía más. Me sentí chic y muy yo. Cambié la montura a último minuto, justo antes de que ingresaran el código de los anteriores.

En pocas palabras: terminé donde la teoría decía que iba a terminar, pero por el camino largo.

También tuve que decidir entre añadirles el efecto antirreflejo o el de luz azul. Como no los iba a usar únicamente frente a una computadora, y por opinión de mi esposo, nos decidimos por el antirreflejo. Tardaron cinco días en entregármelos porque no tenían esos cristales en tienda, pero la espera valió la pena. En la guía te explico la diferencia entre los dos, por si estás en esa misma duda.

El día que los tres estrenamos lentes

Por cosas del destino, el mismo día en que mis lentes estuvieron listos fue el día en que llegaron los de mi esposo y mi bebé.

Mi esposo se emocionó al ver cómo le quedaba el modelo Harriett, y sobre todo nos sorprendió el rebranding: antes los lentes venían en una caja de cartón bonita pero sencilla, y ahora llegan en una caja con color, donde vienen los lentes, el pañito para limpiarlos y un estuche para guardarlos — lo que nos faltaba con el anterior para evitar manitos preciosas pero muy curiosas, jaja.

Luego vino la emoción de mi bebé. Al decirle que eran suyos, se señaló con sus manitos y puso una carita que quedará siempre en nuestra memoria. Sacamos sus lentes de una caja similar a la de mi esposo, pero con una caricatura muy linda, y de un estuche que va mucho con nosotros: tiene forma de conejito y nos recuerda a nuestra linda Oliva. Cuando se los probamos, nos emocionamos todos juntos. Por supuesto, le hice videos y foticos que quedarán para el recuerdo de este lindo día. Además, traían una hoja de stickers — su afición actual — que no tardó en pegar en su play pen.

En los siguientes minutos escribí a la tienda para preguntar por mis lentes, y cuando me dijeron que ya estaban listos, salimos directo a buscarlos los tres juntos.

Los días de adaptación que nadie te cuenta

Ya en la tienda me impresionó ver la diferencia entre lo borroso que estaba viendo las letras en mi teléfono sin los lentes y cómo se veía todo con ellos puestos. Pero una vez afuera, fue raro. Caminando, veía el piso más arriba de donde realmente estaba. Algunas cosas se me veían como acostadas. Y no sabía si era algo de los lentes, de mi fórmula o de la posición de la montura.

Así que decidí buscar sobre ello, y lo primero que me salió fue el proceso de adaptación que necesita hacer el cerebro para ubicar correctamente no solo los textos y las pantallas, sino la posición exacta de todas las cosas.

El proceso puede tardar entre tres y siete días. En mi caso, cada día que pasa desde que los incorporé a mi rutina veo mucho mejor.

Lo que sí noto es lo mucho que me hacían falta para leer y trabajar. Ya no tengo que forzar la vista, y tengo la energía y los ojos renovados para leerme lo más pronto posible la saga de Trono de Cristal de Sarah J. Maas, mi escritora favorita, antes de que salgan los nuevos libros. Si eres fanática, déjame tu teoría favorita en los comentarios.

Lo que me llevé de todo esto

Algo que no te conté antes, y que discutí con mi esposo, es que una de las preguntas que le hice a la doctora fue sobre los lentes de luz azul. Me explicó que no hay evidencia científica de que hagan algún efecto, y que quizás sea un efecto placebo.

No obstante, a nosotros en su momento este tipo de cristal sí nos ayudó, y sigue ayudando a mi esposo.

Además de esto, sé que postergué por mucho tiempo el chequeo de la vista, y era algo que me hacía mucha falta resolver. Poner de prioridad mi salud física y mental, y tener ahora unos lentes que me permiten trabajar, leer — mi pasatiempo favorito — y hacer actividades didácticas con mi bebé viendo todo con claridad, me emociona un montón.

Cuéntame: ¿eres aficionada a los lentes y las gafas de sol? Si usas alguna fórmula, ¿recuerdas cómo fue tu proceso de adaptación? ¿O eres de las que sabe que debería ir al oftalmólogo y lo sigue dejando para después? Te leo en los comentarios.

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¡Hola! Soy Betzaida Ruiz, una escritora, creadora y mamá de 32 años.

Este espacio nació en diciembre de 2013 por mi pasión por la moda, donde solía compartir mis collages y prendas favoritas. Hoy, Mi Burbuja ha evolucionado conmigo. Me encanta seguir compartiendo lo mejor de belleza y estilo de vida, pero ahora con un toque extra: mi aventura y mis descubrimientos como mamá. Aquí encontrarás contenido auténtico que celebra todas las facetas de la vida moderna.

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