Desde hace algunos años, he dejado mi cabello al natural — sin tintes —, cortes básicos (recto o grafilado), poco secador o plancha, y me ha encantado. Lo he mantenido mucho más suave y manejable, y teniendo un cabello tan fino como el mío, ya la experiencia me dice que no debo inventar si lo quiero mantener sano.
Otra de las razones es el mantenimiento. En los últimos años le he dejado mi cabello a una sola persona que tiene unas manos maravillosas y conocimiento de sobra. ¿El inconveniente? Tiene muchos clientes, agenda llena y viene cada cierto tiempo a casa — de nueve meses a un año — y conseguir a alguien como ella a quien le confíe mi cabello se me hace difícil. Las malas experiencias con otros estilistas me han marcado.
Pero bastó ver una publicación en Instagram sobre tendencias de cortes y coloración para que quisiera hacerme hasta cinco cambios diferentes a inicios de año. Quédate hasta el final para que veas el desenlace de esta historia.
Como el algoritmo de Instagram es impresionante, luego de esa primera publicación, en una historia de una agencia de publicidad estaban compartiendo un prompt de ChatGPT para analizar la forma del rostro y determinar cuál es el mejor corte para tus facciones — y otros para los mejores colores de ropa y maquillaje a usar o evitar. Así que, con ayuda de Gemini y el mismo prompt, pude ver diferentes versiones de mi cabello y qué era lo que por el momento podía permitirme.
Mi cabello antes y después del postparto
Mi cabello ha sido todo un dilema en mi vida. Por muchos años de mi niñez tuve el bob con pollina — que en Venezuela llamaban el corte "niña bonita" — y ya de adolescente, hasta aproximadamente los 18, mi cabello nada que crecía: se mantenía al ras de mis hombros. Algo que me frustraba muchísimo porque quería el cabello largo.
Se hicieron tendencia las extensiones y salí corriendo a ponerme unas por puntos. Dos años después, tenía el cabello más largo pero también un poco débil por el peso, así que me las quité.
Durante los siguientes años, me lo corté casi solo las puntas, me lo pinté múltiples veces y llegó el 2022 con el proyecto de cuidarme físicamente. Y, oh sorpresa: una buena alimentación, el ejercicio y la estilista de las manos mágicas hicieron que mi cabello estuviese como nunca antes. Lo que me recuerda que la buena salud se refleja en cada parte de nuestro cuerpo. Si quieres conocer los cambios que hice, te dejo el post donde explico todo a detalle.
¿Qué ocurrió luego? Vino el embarazo, donde las pastillas siguieron fortaleciéndolo y haciéndolo crecer, y luego el postparto — donde el cabello empieza a caerse por naturaleza a los cuatro meses — y tuve que decirle adiós al volumen que tanto amaba. Por consejo de mi estilista, volví a un corte bob largo grafilado, hasta un poco más abajo de los hombros, para quitarle ese peso y las puntas quemadas que también hacían que siguiera cayéndose.
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| De 1999 a hoy. El bob volvió por donde empezó todo. |
Los cortes que me estaban haciendo ojito
¿Recuerdas el prompt de la agencia? Cuando empecé a redactar este post, me entraron las ganas de verlo en acción y terminé diciéndole a Gemini que me hiciera una representación según mi tipo de rostro. Estos fueron mis favoritos:
Long bob recto: una de las recomendaciones para rostro ovalado. Debo decir que en un inicio me gustó mucho, pero sentía que me añadía algunos años.
Bob ondulado con capas: da mucho más volumen gracias a las capas potenciando las ondas. Pero por el momento no tengo la abundancia de cabello para que me luzca tal cual la foto, y por eso quedó descartado.
Pixie texturizado: un cabello corto al estilo Halle Berry en Gatúbela. Me encantó visualmente, pero me lo veo más para mis 50-60 — y todavía no llegamos ahí.
Corte medio con capas y flequillo cortina: el más cercano a lo que ya tenía, pero con capas que abracen mis facciones. Una opción intermedia que no descarto para más adelante.
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| Las ocho versiones que me armó Gemini. Al final me quedé con la primera. |
Y el color... ese es el verdadero dilema
Amo mi color natural, pero algo cambió internamente con el rebranding de mi blog y mi proyecto de UGC. Entre la búsqueda de paleta de colores, tipografías, logos e inspiración para videos y fotos, últimamente me siento con ganas de verme más bonita, más femenina — de encontrar mi "nuevo" estilo siendo mamá, esposa y mujer que trabaja desde casa.
Así que al ver estos tintes en tendencia, me entró la duda y las ganas — porque no te voy a mentir, quería un cambio drástico. Mis favoritos:
Mi tono natural: el que llevo hoy. En la imagen lo verás sobre la versión de cabello extra largo — esa a la que me gustaría volver en un futuro, hasta la mitad de la espalda o un poco más.
Espresso brunette: lo seguro y más cercano a mi tono natural, pero con unos reflejos que lo llevarían a otro nivel.
Teddy brown: un color hermoso y natural que, al haber llevado un tono bambi por mucho tiempo, sé que puede quedarme bien.
Chocolate cherry: mi favorito sin lugar a dudas — y también el más atrevido. La combinación de esas dos gamas me parece maravillosa y súper tendencia.
¿El inconveniente? Aunque sé que hay tintes seguros, sigo dando lactancia y no quiero arriesgarme a que mi bebé reciba algún químico.
¿Qué me hice al final?
Al momento de empezar a escribir este post, me atreví a cortarme el flequillo — y lo amé demasiado. Mi hermana y mi prima me dijeron que me veía como en mi adolescencia, a mi esposo le encantó, y yo no dejaba de arreglármelo y verme en el espejo y en la cámara — un mal de los cambios de look que sufrimos muchas mujeres.Dos meses después, y sin haber terminado de escribir el post que estás leyendo porque sentía que algo iba a cambiar, la estilista vino a casa para hacernos el corte requerido por todos — esposo, bebé y mamá — y en menos de una hora me atreví a volver al corte que llevé por muchos años: el bob.
¿Qué me inspiró? Además de verme reflejada en la referencia de Gemini, vi en Pinterest otras formas de estilizarlo, y una foto de Selena Gómez me terminó de convencer.
Al verme al espejo, y conforme pasaron los días, amo mucho más este cambio. Rompió por completo algunos pensamientos que tenía: que me iba a ver mayor, que tendría que usar la plancha o el secador siempre, que me vería más rellenita o mi cara mucho más redonda, e incluso que me aburriría rápido y querría que me creciera lo más pronto posible.
¡Qué equivocada estaba! Ahora estoy lista mucho más rápido, puedo hacer ejercicio mucho más cómoda sin necesidad de amarrarme el cabello, y me siento mucho más linda y confiada. Junto con mis nuevos lentes — si quieres saber cómo los elegí, aquí te dejo la historia —, ha sido todo un acierto. Creo que pasaré unos años con este look que tanto me gustó. Veremos luego si quiero llegar nuevamente a mi versión con cabello largo, esa que tanto me gustó en el embarazo.
A veces un cambio de look es lo que más te devuelve a ti misma, y la confianza que sientes que te hace falta.
¿Has odiado algún corte o tinte que te hayas puesto? ¿Qué te ha llevado a hacerte los mayores cambios de imagen o en tu cabello? Te leo en los comentarios.



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