La novedad del mes de agosto en casa fueron los lentes. Soy fanática de las gafas de sol y tengo como cinco modelos guardados que dejé de usar. Pero los que he conseguido en H&M en los últimos años, más uno de Rosegal que se ganó mi corazón, son mis go-to para las salidas de playa, las caminatas por la zona con mi bebé, ir de compras en días de mucho sol e incluso para los últimos viajes de senderismo que hice antes de convertirme en mamá.

Pero en este post voy mucho más allá, para contarte sobre algo que en esta casa se convirtió en anécdota: el día en que llegaron los lentes nuevos de mi esposo, de mi bebé y los míos.

Pasaron algunos eventos para llegar hasta allí — entre ellos dos días sin poder trabajar por tener las pupilas dilatadas —, pero aquí te cuento todo el proceso y cómo elegimos los tres lentes que ahora son must-have en nuestra casa.

Collage de mi primera visita al oftalmólogo: pruebas de monturas en la óptica y las cajas de los tres pares nuevos
Treinta y tres años y nunca me habían medido la vista.

Puro rescate, nada de prevención

Además de las gafas de sol, en mi escritorio tenía un par de lentes de luz azul comprados en Target en 2021. Pero los usaba poco: más que todo cuando pasaba muchas horas en la computadora, o cuando ya llegaban los dolores de cabeza por sobreexposición a la luz y sentía la vista cansada. Nada preventivo. Puro rescate.

También es que nunca he usado lentes con frecuencia, pero sí mis audífonos para escuchar música o algún episodio de mis podcasts favoritos. Y al combinar ambos, terminaba incómoda y con malestar detrás de las orejas.

En cambio, para salir, caminar, ir a la playa o a la montaña, sí busco siempre llevar unos lentes que me ayuden con los rayos solares — y a verme más chic en mis fotos.

Cómo unas manitos de año y medio empezaron todo esto

A diferencia de mí, mi esposo sí usaba sus lentes de luz azul de forma frecuente. Compró el modelo Wing de la marca CYXUS al mismo tiempo que yo, en 2021, y ambos trabajamos y pasamos la mayoría del tiempo frente a pantallas. Pero había algo con lo que no contaba: las manitos y la curiosidad de nuestro bebé.

En uno de esos días en que nuestro chiquito tomó los lentes del escritorio para verlos y abrirlos, forzó de más una de las paticas. Y hasta allí llegaron.

Así que cuando empezamos a planear qué productos comprar y qué hacía falta en casa, no lo pensó dos veces: volvió a la web de la marca, pero esta vez optó por un modelo distinto y mucho más único que el anterior, el Harriett en negro brillante.

Y no nos quedamos solo con esos. Como mi bebé nos ve siempre con lentes, decidimos buscar los suyos en la misma web para sus paseos y su próxima salida a la playa. Le compramos el modelo Vibe en rojo, y con descuento.

Y mientras esperábamos que llegaran, yo hice algo que llevaba tiempo postergando.

Mi primera consulta oftalmológica: dos días sin poder trabajar

Desde hacía algún tiempo, estar frente a la computadora o el teléfono me cansaba mucho la vista. Y muchas veces me pasaba que, estando en la calle, se me hacía difícil leer un letrero que estuviera lejos. Sentía que mi vista ya no era la misma de antes.

Así que, con la onda de la búsqueda de lentes, decidí asistir a mi primera cita oftalmológica y tener una opinión profesional sobre el estado de mi vista.

Ese día nos fuimos muy temprano para llegar a tiempo a la consulta. Pero hubo algunas cosas con las que no contaba:

  1. La doctora tuvo un retraso, por lo que perdimos toda una mañana esperando que me atendieran.
  2. Un detalle que no me advirtieron: debido a los exámenes que realizan en estas consultas, me dilataron las pupilas. Por lo que estuve los dos días siguientes viendo borroso, con una sensibilidad infinita a la luz del sol, sin poder trabajar y con mi esposo leyéndome cada mensaje que me llegaba al teléfono.

El diagnóstico fue una hipermetropía muy leve (esfera +0.25) y un astigmatismo moderado en ambos ojos (cilindro -1.25). Nada grave, pero suficiente para explicar el cansancio luego de trabajar por muchas horas frente a la pantalla, algunos dolores de cabeza esporádicos y los letreros que no lograba leer de lejos.

Hoy agradezco haber tomado esa consulta, porque salí con un diagnóstico que me hizo todo el sentido. Y esos días en los que no pude trabajar ni ver bien el teléfono me dieron algo más: rato de sobra con mi chiquito.

Cat-eye o cuadrado: cómo elegí (y por qué me equivoqué al principio)

Resumen visual del proceso: recorriendo ópticas, la primera montura que elegí, la definitiva y los tres pares nuevos
Dos días, varias ópticas y tres pares. La definitiva no fue la primera que me gustó.

Antes de pisar la primera óptica, hice la tarea. Busqué qué monturas favorecen más a un rostro ovalado/redondo como el mío y llegué a la óptica convencidísima de que quería un cat-eye.

En el primer día de paseos, terminé enamorada de varios modelos entre cuadrados y ovalados. Así de rápido cambia la teoría cuando te ves al espejo.

Ese proceso me dejó tantas cosas aprendidas — sobre formas de rostro, sobre cómo comprar sin apurarte y hasta sobre un detalle que ninguna guía menciona — que terminé escribiendo un post aparte solo con eso. Te dejo aquí la guía completa para elegir tu montura según tu forma de rostro, con el método que armé sin proponérmelo.

Un adelanto, porque es lo que más me cambió el día a día: si usas audífonos, pruébate la montura pensando en el grosor de las patillas. Yo llevaba tiempo con molestia detrás de las orejas por combinar ambas cosas. Cambiar a mis JLab Go POP+ me alivió muchísimo, y hoy puedo trabajar escuchando música o algún podcast con mis lentes puestos, sin molestia alguna.

El cambio de opinión que nadie vio venir

Esa misma semana volví a la óptica Filióptic, donde estaba el modelo favorito de todos, ya con la hoja de la fórmula para mandar a hacer los cristales correspondientes. 

Y justo cuando la muchacha empezó a pedirme los datos para la factura, mi esposo y yo vimos otro modelo en la vitrina. Me lo probé casi por curiosidad.

Sorpresa: me hizo cambiar de opinión por completo.

Era un ojo de gato de Palazzo, montura dorada con un tono rosa amarronado muy claro en la parte superior. No iba buscando un color específico. Simplemente me gustaron — y al ser tonos básicos, combinando el color de los labiales que me gusta llevar, y que la mayoría de mis accesorios son dorados, me terminaron gustando todavía más. Me sentí chic y muy yo. Cambié la montura a último minuto, justo antes de que ingresaran el código de los anteriores.

En pocas palabras: terminé donde la teoría decía que iba a terminar, pero por el camino largo.

También tuve que decidir entre añadirles el efecto antirreflejo o el de luz azul. Como no los iba a usar únicamente frente a una computadora, y por opinión de mi esposo, nos decidimos por el antirreflejo. Tardaron cinco días en entregármelos porque no tenían esos cristales en tienda, pero la espera valió la pena. En la guía te explico la diferencia entre los dos, por si estás en esa misma duda.

El día que los tres estrenamos lentes

Por cosas del destino, el mismo día en que mis lentes estuvieron listos fue el día en que llegaron los de mi esposo y mi bebé.

Mi esposo se emocionó al ver cómo le quedaba el modelo Harriett, y sobre todo nos sorprendió el rebranding: antes los lentes venían en una caja de cartón bonita pero sencilla, y ahora llegan en una caja con color, donde vienen los lentes, el pañito para limpiarlos y un estuche para guardarlos — lo que nos faltaba con el anterior para evitar manitos preciosas pero muy curiosas, jaja.

Luego vino la emoción de mi bebé. Al decirle que eran suyos, se señaló con sus manitos y puso una carita que quedará siempre en nuestra memoria. Sacamos sus lentes de una caja similar a la de mi esposo, pero con una caricatura muy linda, y de un estuche que va mucho con nosotros: tiene forma de conejito y nos recuerda a nuestra linda Oliva. Cuando se los probamos, nos emocionamos todos juntos. Por supuesto, le hice videos y foticos que quedarán para el recuerdo de este lindo día. Además, traían una hoja de stickers — su afición actual — que no tardó en pegar en su play pen.

En los siguientes minutos escribí a la tienda para preguntar por mis lentes, y cuando me dijeron que ya estaban listos, salimos directo a buscarlos los tres juntos.

Los días de adaptación que nadie te cuenta

Ya en la tienda me impresionó ver la diferencia entre lo borroso que estaba viendo las letras en mi teléfono sin los lentes y cómo se veía todo con ellos puestos. Pero una vez afuera, fue raro. Caminando, veía el piso más arriba de donde realmente estaba. Algunas cosas se me veían como acostadas. Y no sabía si era algo de los lentes, de mi fórmula o de la posición de la montura.

Así que decidí buscar sobre ello, y lo primero que me salió fue el proceso de adaptación que necesita hacer el cerebro para ubicar correctamente no solo los textos y las pantallas, sino la posición exacta de todas las cosas.

El proceso puede tardar entre tres y siete días. En mi caso, cada día que pasa desde que los incorporé a mi rutina veo mucho mejor.

Lo que sí noto es lo mucho que me hacían falta para leer y trabajar. Ya no tengo que forzar la vista, y tengo la energía y los ojos renovados para leerme lo más pronto posible la saga de Trono de Cristal de Sarah J. Maas, mi escritora favorita, antes de que salgan los nuevos libros. Si eres fanática, déjame tu teoría favorita en los comentarios.

Lo que me llevé de todo esto

Algo que no te conté antes, y que discutí con mi esposo, es que una de las preguntas que le hice a la doctora fue sobre los lentes de luz azul. Me explicó que no hay evidencia científica de que hagan algún efecto, y que quizás sea un efecto placebo.

No obstante, a nosotros en su momento este tipo de cristal sí nos ayudó, y sigue ayudando a mi esposo.

Además de esto, sé que postergué por mucho tiempo el chequeo de la vista, y era algo que me hacía mucha falta resolver. Poner de prioridad mi salud física y mental, y tener ahora unos lentes que me permiten trabajar, leer — mi pasatiempo favorito — y hacer actividades didácticas con mi bebé viendo todo con claridad, me emociona un montón.

Cuéntame: ¿eres aficionada a los lentes y las gafas de sol? Si usas alguna fórmula, ¿recuerdas cómo fue tu proceso de adaptación? ¿O eres de las que sabe que debería ir al oftalmólogo y lo sigue dejando para después? Te leo en los comentarios.