Hace poco leí un post de @jeviclub titulado "Razones por las que soy una pésima influencer". Y me quedé pensando en él por días.

No porque me identificara con cada punto — su vida y la mía son distintas — sino porque me hizo mirar hacia atrás y ver todas las veces que intenté ser algo que no era. Y todas las veces que, al no lograrlo, simplemente dejé de publicar.

Lo que más me removió fue su cierre: esa idea de que no quiere que la sigas por ser influencer, sino que la leas, la escuches y preguntes con ella. Que seas curiosa y protagonista de tu vida real. Me sentí reflejada al cien por ciento — y entendí que eso es exactamente lo que quiero hacer al reactivar mis cuentas de redes sociales: publicar sin presionarme, sin compararme con lo que otras hacen, sin buscar mostrar algo que no soy.

Esta es mi versión de esa reflexión.

Collage editorial que contrasta la vida curada de influencer con fotos reales del día a día en casa

Cuando quise ser lo que no era

Cuando empecé miburbujablog en Instagram, hacía collages con piezas de diferentes marcas para armar outfits para distintas ocasiones. Me movía muchísimo ver cómo otras personas — bloggers e influencers del momento — llevaban la moda. Pero yo no tenía el capital para verme así.

Aun así, me sentía feliz e ilusionada. Estaba creando algo propio, desarrollando algo que nunca pensé que me iba a gustar. En mi época escolar siempre me sentí con poca habilidad artística y de escritura, y el blog terminó despertando las dos de una manera que me hizo crecer como persona y como profesional, en un área donde nunca pensé que estaría.

Después vinieron las etapas. En los siguientes años pasé por procesos que quizás muchas también han vivido:

Seguir tendencias de otras influencers. Compraba la ropa, me la ponía — y no era yo. La usaba dos o tres veces y quedaba en el olvido.

Maquillaje y skincare. Compré mil y un productos para aprender, hacer tutoriales, todo. Y sí, aprendí. Hice cursos y me encantó el proceso. Pero soy introvertida, no salgo mucho, y cuando lo hago me arreglo lo mínimo porque puedo tardarme un rato largo intentando replicar un maquillaje elaborado.

Igual con el skincare. Probé muchas marcas y productos que no me hacían falta o que no eran adecuados para mi tipo de piel. Y me he dado cuenta de que, aunque pasos como la doble limpieza son esenciales, genuinamente lo que ha ayudado a mi piel es el cambio de alimentación y el ejercicio. Eso es lo que veo que hace la diferencia.

Y ojo: conozco a muchas mujeres a quienes estas etapas las han ayudado. Han aprendido a cuidar su piel y a seguir una especie de ritual que les da un momento de paz consigo mismas. Y a otras, vestirse con las últimas tendencias y maquillarse para su trabajo o para salir con amistades las hace sumamente felices. Me parece maravilloso. De hecho, sigo viendo influencers que muestran ese contenido y me encanta. Simplemente que, por mi forma de ser y mi rutina diaria, no es algo que actualmente haga, necesite o me mueva.

Por qué dejé de publicar

Con la llegada de mil y un influencers, creadores de contenido y más, no me sentía la persona adecuada para influenciar o para mostrar "lo poco que hago".

En mi día a día no pasaba mucho. No tenía grandes productos que mostrar. No colaboraba con marcas como otras. No tenía el closet para enseñar todo lo que me gustaba escribir. Y en el camino escribí sobre cosas que no tenía ni vivía, por lo que Mi Burbuja — ese lugar que era mío — se empezó a sentir vacío.

No hubo un momento exacto en que decidiera dejar de compartir. Fueron idas y venidas durante varios años, donde el peso diario de crear contenido a diestra y siniestra se me hacía cuesta arriba: yo estaba en casa, más en pijama que en ropa súper trend, con un armario básico y una vida normal, sin muchas salidas y sin mucho movimiento.

Sentía que no tenía nada que mostrar mientras la mayoría de las influencers de moda, belleza y estilo de vida publicaban tutoriales de maquillaje, outfits, dónde comer, un viaje a un lugar maravilloso... Nada de eso pertenecía a mi día a día. Pero hoy me doy cuenta de que era, sobre todo, comparación.

Así que fui dejando el blog de lado muchas veces. Y sobre todo, dejé de publicar en mis redes sociales.

Lo que sí construí mientras tanto

Mientras yo sentía que no estaba haciendo nada, en realidad estaba haciendo bastante.

Durante todos esos años con el blog — poco a poco, incluso en los momentos de pausa — fueron llegando colaboraciones que me abrieron puertas y me emocionaban. Junto con las páginas de posts patrocinados y plataformas como Fiverr, me abrieron un mundo de oportunidades que nunca imaginé y que hoy todavía me resulta maravilloso.

Y así llegó mi trabajo con una marca real, donde escribir posts de moda sobre su ropa me llevó a desarrollar otras habilidades y responsabilidades que nunca pensé tener. Hoy, siete años después de haber entrado a esa empresa, ese camino nos permite, como padres, trabajar desde casa mientras criamos juntos a nuestro bebé.

Lo que voy a mostrar ahora

Hoy quiero retomar todo a mi manera. Publicar lo que me mueve en el día a día — no para influenciar a nadie, sino para compartir. Para que, si alguien vive lo mismo que yo, me cuente qué le funciona, cómo lo vive y qué reflexiones tiene al respecto. Para entablar conversaciones que nos enriquezcan.

Entonces, lo que vas a ver por aquí — y en mi Instagram — es, sencillamente, la vida de una mujer, esposa y mamá que trabaja y hace ejercicio en casa. Que vas a ver usando la misma ropa muchas veces, porque sigo sin tener el gran closet. Que lee muchas novelas románticas y de fantasía siempre que puede.

Que está buscando actividades creativas como esos collages — pero ahora manuales. Que cada cierto tiempo te compartirá una reseña honesta de algo que compró, sea ropa o algún producto que nos funcione en casa. Y que busca nuevas formas de entretenerse con su esposo y un bebé maravilloso, pero sobre todo, que está buscando su versión más auténtica.

Por ello, en mis cuentas no quiero decirte lo que tienes que hacer, qué comprar, cómo pensar sobre un tema o cómo comportarte. Solo voy a mostrar lo que soy.

En agradecimiento

Aunque mis razones fueron más de comparación, al mismo tiempo siento que no estaba siendo agradecida con mi proceso. Sé que todo este camino no sería posible sin la bondad y misericordia de Dios. Nos ha bendecido grandemente como hogar, y todo lo que tenemos hoy es gracias a Él.

Escribir esto me hizo darme cuenta de que he crecido, y de que no tengo que compararme con nadie más. No tengo la vida más movida — pero cada cosa que conforma mi día a día es lo que me hace ser quien soy. Y por eso estoy profundamente agradecida.

¿Y tú? ¿Has intentado alguna vez ser una versión de ti que no eras? ¿O hay algo que dejaste de mostrar porque sentías que no era suficiente? Te leo en los comentarios.